26.4.18

CUARTA JORNADA DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN / QUINTA TEMPORADA

“Nunca deberían leer solo por placer. ¡Lean para ser más inteligentes! Menos sentenciosos. Más capaces para comprender el comportamiento demencial de sus amigos, o mejor, el de ustedes mismos. Elijan libros difíciles; los que requieran concentración para leer. Y por el amor de Dios, que nunca los escuche decir no puedo leer ficción, solo tengo tiempo para la verdad. ¡La ficción es verdad, tonto! ¿Alguna vez escucharon la palabra literatura? Eso también significa ficción, estúpido.” “Ratón de biblioteca”, John Waters

La cita se las debía. Ahora, a lo importante: la receta de las exquisitas Couxhinas de frango, traída de San Pablo para todos ustedes. Lo que se ve en la foto.

RELLENO: Pollo hervido y desmenuzado, aceitunas negras picadas, cebolla frita y perejil, también picado muy pequeño. Más un toque de queso crema al armar los bombones.

MASA: Se hierven juntos 250 gramos de caldo de gallina con 250 de leche, a esto se le agregan dos cucharadas de manteca pomada y hasta 500 grs de harina 0000, espolvoreada y mezclando constantemente para que no se hagan grumos. Es como una salsa blanca tan espesa que se vuelve masa. Se la mezcla con 300 grs de papas pisadas como puré. Se amasa todo y se deja descansar 10 minutos.

Se unta la mesada con manteca y se hacen bolitas de 3 o 4 cmts de diàmetro. Se las ahuecan de a una en la palma de la mano, se le pone media cucharadita del queso blanco y una cucharada del relleno de pollo. Después se la cierra en forma de gota. Pasamos las gotas por huevo y pan rallado y las freímos en aceite hirviendo. Lo que se dice: bombas. Pero exquisitas. Con hígados delicados, no ingerir más de dos por comida.

Leímos al Gran Onetti, su célebre cuento "Bienvenido Bob". También a Patricia Suárez en 
"Esta no es mi noche". Además leyeron Eleonora, Marina y Fabián. Desde la Milanga felicitamos estruendosamente a Eleonora González Capria por haber sacado mención en la categoría Traducción del Premio Destacados 2017 de ALIJA del libro "De la A a la Z", de Gianni Rodari, para Loqueleo Santillana. Brindamos con vino tinto que trajeron Nicolás y Fabián. 

Hoy se armó una buena discusión acerca de hasta donde uno debe aceptar o no una crítica. Las escrituras siempre son objetos demasiado personales, y a veces nos podemos sentir criticados si nos las critican. Pero para eso es esta Clínica; el objetivo es aprender a opinar con fundamento, por encima de que los cuentos que cada uno trae queden perfectos. La discusión es lo más jugoso, lo más divertido de todo.

Una vez Fogwill me corrigió un cuento, "Adentro y afuera", ante un grabador encendido. Esa preciosa clase fue una de las cosas más importantes que me pasaron en la literatura. Cuando cumplí cuarenta años, me regaló el caset. Todavía lo conservo. Va el link de la desgrabación:

http://mandarinasdulces.blogspot.com.ar/2005/12/adentro-y-afuera-por-los-fogwills.html




EL NUEVO VIEJO CUENTO ARGENTINO / UNA LECTURA


 




25.4.18

SYLVIA IPARRAGUIRRE / FINAL DE NOTA

"Robinson Crusoe, libro que leí y releí a lo largo de los años, toca una parte esencial mía, en el sentido de que me reveló algo muy profundo Cuando se escribe ficción uno también está presente pero disfrazado o armado detrás de un personaje y sus  situaciones. Si bien La vida invisible tiene la artificialidad del armado al dividirlo en capítulos y seguir una cronología, más allá de eso cuando me encuentro hablando de Bradbury o de Borges o de cualquier otro escritor o escritora estoy tocando zonas profundamente personales. Por eso es un libro muy íntimo. 
La vida invisible dejará de serlo un día y eso será para siempre. Siguiendo el orden cronológico que ha hecho Sylvia Iparraguirre, el modo en que cruza las múltiples maneras de leer (basta con ir a ese magistral capítulo final “Diario de libros”, donde comenta y analiza una larga lista de autores y libros que pueden apreciarse como un consejo para armar una gran biblioteca) entre reflexiones, recuerdos y sensaciones, resulta sencillo advertir una vez más que hay cierta clase de seres que parecen venir al mundo con la literatura encima. Y si en un sentido poético todo libro nace para ir detrás de su lector ideal, lo mismo sucede con las parejas ligadas por el amor. Un amor que, en su forma evolutiva, ha generado una gran familia literaria. Sobran las palabras para comentar el capítulo que Sylvia Iparraguirre le dedica a Abelardo Castillo. “Necesito decir antes que nada que el nuestro no fue un encuentro intelectual ni literario. Fue un encuentro vital, emocional. Nos gustamos; nos enamoramos de nuestras virtudes y defectos, y fue para toda la vida. A pesar de que yo era muy joven y de que la diferencia de edad al comienzo pesó, desde el primer momento, superando los alarmantes altibajos que respondían, básicamente, a nuestros caracteres empecinados, intuimos compartir un núcleo profundo, central, un sentido general de la existencia y de las cosas, que los años solo profundizarían. Eso fue lo esencial. La literatura, además de haber sido la causa de nuestro encuentro, le dio a nuestra relación una dimensión y una felicidad sumadas. Con ‘dimensión’ quiero decir la posibilidad de una unión de otro tipo, una complicidad en algo que nos llevaba más lejos, que venía de antes e iba al futuro: los libros. Fuimos muy afortunados; tuvimos esa suerte que tienen algunas parejas que comparten un oficio o profesión que aman y en la cual se regocijan. Y si hubo un secreto fue este: nunca intenté domesticarlo; nunca interfirió en mi independencia. La nuestra fue una historia de amor profundo y de concesiones mutuas” Y luego: “Con Abelardo la vida invisible se visibilizó, fluyó, para transformarse en un diálogo continuo. Si la biblioteca de la casa de mi abuela arma la primera escena de mi novela personal como lectora, en la biblioteca de Abelardo, en nuestro departamento de la calle Pueyrredón, empezó mi educación literaria”.

24.4.18

SYLVIA IPARRAGUIRRE / RADAR

Hablábamos de admiraciones y de Ray Bradbury e  inmediatamente pensé en aquella frase de Salinger sobre que hay escritores a los que uno quisiera llamar por teléfono después de leerlos. 
  –Yo lo había leído a los 15 años, y lo que jamás pude imaginar fue que lo iba a conocer algún día. Fue para una Feria del Libro, cuando vino a la Argentina por primera vez. Estaba asombrado de la larga fila, como dos cuadras, que había para entrar en la Feria. Y se asombró mucho más cuando supo que hacían cola para verlo a él, con algún libro suyo bajo el brazo; eran sus fanáticos. Lo divino fue que cuando llegó la hora de cerrar, Bradbury pidió una botella de vino y dijo que dejaran por favor entrar a toda la gente que todavía esperaba afuera por una firma suya. Se vació la Feria, se cerraron las puertas y quedó solamente abierta la sala de Bradbury, firmando libros hasta la madrugada. Días más tarde hubo un asado en una quinta y ahí pude conocerlo de cerca. Era una persona accesible, cálida, con sentido del humor. Hay una historia suya que a mí me encanta repetir. Bradbury era muy pobre, tenía dos hijas y por entonces vivía en una casa muy pequeña, en California. No tenía lugar para escribir. Entonces iba al sótano de la Universidad donde había una larga mesa sobre la que estaban en hilera diez o doce máquinas de escribir trabadas por un mecanismo que se abría cuando se introducía una moneda de diez centavos de dólar; eso te daba media hora. Luego se volvía a trabar. Así que  escribía acuciado por el tiempo. Y lo gracioso de todo esto es que Bradbury contaba que Fahrenheit 451 le había costado nueve dólares con setenta y cinco centavos. 

23.4.18

CINE Y ARQUITECTURA EN EL BAFICI 20

"Moriyama escucha música noise sentado en el suelo frente a su equipo de alta fidelidad. Es un coleccionista de CDs de música industrial, ama a Otomo Yoshihide. Reconozco que jamás había escuchado sus sinfonías, que van muy bien con la estética de la casa y con la teoría de los Sanaa, donde el terreno es un display que contiene piezas interdependientes. El vacío entre las piezas construye la comunicación y circulaciones. La música se vive como pequeños episodios sónicos muy diferentes unos a otros, unidos simplemente por la proximidad.
Con la misma metodología de proyecto los Sanaa hicieron otros edificios tan o más interesantes que esta casa, como el Museo de Kanazawa, de 2004. Rebecchi, que es también un melómano del noise, dice que Yoshihide no deja de tocar instrumentos o bandejas (muchos de estos músicos son DJs); pero en lugar de pasar la púa por los surcos de los discos, las frotan contra diversas superficies que ponen a dar vueltas. O trabajan sobre guitarras ya no pulsando las cuerdas con los dedos, ni con martillitos en el caso de pianos, sino con arcos rígidos o caños especiales.
El documental es una maravilla realizada por Ila Bêka y Louise Lemoine, que son los autores también de Koolhaas Houselife, la película sobre la casa para un inválido de Rem Koolhas, que estaba contada por la mucama. El único inconveniente que le veo a Moriyama-san es un temita de comunicación que tienen el director y el propio Moriyama: se entienden poco con el inglés. A veces cansa un poco todo este esfuerzo por mantener un diálogo, aunque a veces también rinde espontáneamente algún fruto. Como en el momento en que el director le pide permiso para grabar un instante, con mucho respeto, el lugar donde el japonés enterró las cenizas de su perro. Hay una estatuita de madera marcando el sitio en un cantero. El occidental da por sentado que el oriental es dueño de una espiritualidad suprema, pero Moriyama cambia el muñequito –al que llama Cristo, riéndose, porque parece más un Martín Fierro que un Cristo- por su botella de agua mineral, que es casi de la misma estatura. Y agrega que tal vez ahora sea mejor."

18.4.18

TERCERA JORNADA DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN / TEMPORADA CINCO

Estamos en pleno Bafici, por lo que pensaba empezar citando al gran John Waters, autor de Pink Flamingos y Hairspray,  unos párrafos de su libro "Mis modelos de conducta" (Caja Negra) que hablan de literatura. Pero me olvidé el pendrive y mañana por la mañana temprano tengo que seguir viendo películas por prensa, lo que me pone muy contento. Entonces dejaremos esa cita para el próximo reporte. Es re jugosa, confíen en mí. 

En la foto se ve un Kalimti, especie de fainá árabe, que hice con receta de la capa de Natalia Kiako.Acá va el link a su blog, para los que quieran pispear:

http://kiakothecook.com.ar/

Las recetas de Natalia salen o salen, esa es la verdad.

Leímos "Chicos que faltan", de Mariana Enrìquez. Ella dijo sobre su cuento en Radar:

"Tengo una amiga, una escritora, que perdió a sus padres, y pudo recuperar a su hermano, y cuando leyó el relato, creyó que estaba contando su historia, y eso no era lo que yo había pretendido. Yo había pretendido hablar de un mito inglés, el 'changeling', la historia de niños que son llevados a una especie de país de las hadas y que son sustituidos, en nuestro mundo, por niños idénticos que sin embargo no son los mismos. Quise hacer algo con ese tema y acabé, inevitablemente, hablando, sin darme cuenta, de los niños que se llevaron los militares y regresaron, pero ya no eran los mismos."

Tambièn leímos "El pan dulce del cesante", de Roberto Arlt y "El gesto de la muerte", de Jean Cocteau. Y corregimos los trabajos de Fernando, Nicolás y Claudio.

Tomamos dos botellas de vino tinto riquísimo que trajo Nicolàs, y empezamos a vislumbrar el frío del invierno -que ya llegará- contemplando la botella de Irish Whiskey Jameson que trajo Claudio.

Para el próximo miércoles necesito dos botellas más de vino, pónganse de acuerdo quién las trae. Voy a prepararles unos bocados brasileros de pollo que son un manjar. Empanados y fritos, para más datos. 

Pura promesa me salió este posteo.

13.4.18

PATRIZIA CAVALLI / AHORA QUE EL TIEMPO PARECE TODO MÍO

Ahora que el tiempo parece todo mío
y ya nadie me llama para el almuerzo o la cena,
ahora que puedo quedarme mirando
cómo se deshace una nube o cómo se destiñe,
cómo camina un gato por el techo
en la enorme lujuria de su exploración, ahora
que todos los días me espera
la inmensa extensión de una noche
donde no hay reclamo y no hay ninguna razón
para desnudarse a prisa, ni para descansar
en la deslumbrante dulzura de un cuerpo que me espera;
ahora que la mañana ya no tiene un comienzo
y silenciosa me libra a mis proyectos,
a todas las cadencias de la voz, ahora
quisiera inesperadamente las prisiones

Traducción: Diego Bentivegna